Después de su resurrección, Jesucristo establecerá el Reino del Espíritu: la Iglesia. Lo cual no es una institución humana, sino una comunidad de hombres que nacieron, no del deseo de la carne o de la sangre, sino de Dios mismo (Jn 1,13). Es un pueblo de hijos de Dios, nacidos del Espíritu.
Mi Padre os enviará un Consolador, que al mismo tiempo será un Esclarecedor, que os ayudará a recordar todo y disipará las brumas de vuestros horizontes para que todo lo que os dije e hice aparezca transparente a vuestros ojos.
El día de Pentecostés, en el «piso alto» de la casa de Jerusalén (He 1,13) allá está la Madre presidiendo el grupo de los comprometidos, que esperan la llegada del Espíritu, que —con María y en María— dará a luz por segunda vez y esta vez en el Espíritu, a Jesucristo. Nació la Santa Iglesia de Dios y nació, por obra del Espíritu Santo, de María Virgen.
Ya para este momento, María había completado su itinerario pascual, había realizado la nueva gestación espiritual y ahora, de nuevo, era La Madre, Madre en Ja fe y el Espíritu, Madre Universal, Madre de la Iglesia, Madre de la Humanidad y de la Historia.
El libro de los Hechos recibe el nombre de «Evangelio del Espíritu Santo», y con razón. Es impresionante. No hay capítulo donde no se mencione al Espíritu Santo tres o cuatro veces.
En este libro se describen los primeros pasos. ¿No es verdad que esa Iglesia naciente, que estaba presidida por la presencia invisible del Espíritu Santo, estaba también presidida por la presencia silenciosa de la Madre, como hemos visto más arriba? En todo caso, si los apóstoles recibieron todos los dones del Espíritu en aquel amanecer de Pentecostés, podremos imaginar qué plenitud recibiría aquella que antes recibiera la Presencia personal y fecundante del Espíritu Santo.
La audacia y la fortaleza con las que se desenvuelve la Iglesia en sus primeros días, ¿no sería una participación de los dones de la Madre? De verdad, el título más preciso que se le ha dado a María es éste: Madre de la Iglesia.
Extractado del libro “El silencio de Maria” de padre Ignacio Larrañaga








