«Tu gracia vale más que la vida» ¿Qué es la vida? Existir es una cosa, se dice, y vivir, otra. Se puede existir y ser o sentirse infeliz; vivir, en cambio, implica, de alguna manera y en algún grado, sentirse feliz.
Dejando de lado consideraciones abstractas, llamamos vida, en el lenguaje corriente, a un conjunto de cosas agradables (salud, prestigio, amistad…) que hacen que una existencia resulte placentera.
Hay unas cuantas palabras en la Biblia que encierran idéntico contenido: gracia, amor, misericordia, lealtad: es Dios mismo, es cuanto ama, cuida, protege. Pues bien, el salmista, seguramente haciendo referencia a una experiencia personal, viene a decir, en este versículo cuarto, que, a poco que el hombre experimente el amor del Padre y a poco que guste de su presencia, puede encontrar en esa experiencia más dulzura y riqueza que en todas las satisfacciones de la vida.
La vida, naturalmente, ofrece alegrías, pero ellas son efímeras y precarias. Una persona se siente feliz en un momento determinado y, a la media hora, al salir a la calle, recuerda aquel desdichado asunto, y, de pronto, su cielo se cubre de tristeza. Otra persona amaneció tranquila y contenta; pero, a media mañana, recibe una carta con malas noticias, y su alma se puebla de preocupación y ansiedad. Y así se podrían multiplicar los ejemplos. ¡Todo es tan efímero!
Después de completar tiempos, de cruzar en muchas direcciones los viejos caminos, y de llenar los archivos propios de recuerdos dormidos, el hombre, por sí mismo, y en virtud de ese precipitado que deja la vida, y que llamamos sabiduría, llega a la conclusión definitiva de que la verdadera fuente de paz y alegría, de seguridad y libertad es Dios, sólo Dios: tu gracia vale más que la vida.
Tomado del libro “Salmos para la vida” Capitulo III subtitulo “Vida banquete y fiesta” de padre Ignacio Larrañaga.







