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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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Adaptarse

En este vasto campo de la experiencia matrimonial, El primer desafío que levanta la cabeza es el de la adaptación mutua de los esposos. ¡Adaptarse!, proceso complejo, difícil de explicar, lleno de vericuetos y curvas inesperadas. Simplificando, digamos que se trata de un proceso de integración de los esposos con sus diferentes rasgos de personalidad para evitar conflictos y convivir en armonía.

Acudamos a un símil. Yo soy un árbol con ramas extendidas, como brazos, en todas las direcciones. También tú eres un árbol abierto en copiosas y gruesas ramas. Existe el peligro de que nuestras ramas choquen y salten chispas, y de que, en el incendio, nuestro amor  se  reduzca  a cenizas al amparo de la noche.

¿Cuántos centímetros deberás cortar tú y cuantos centímetros debería cortar yo para que nuestras ramas no se hieran, ni se lastimen, y quede resguardada la salud del amor?

Para adaptarse el uno al otro, los dos esposos necesitan podar muchos centímetros, morir a ciertos rasgos de personalidad. Y así, esposo y esposa, muriendo todos los días un poco, se irán ajustando el uno al otro, integrándose mutuamente en sus diferentes perfiles de personalidad para llegar a una plena armonía.

Ello presupone que cada cónyuge prende la lámpara de la autocrítica y acepta, sin sobresaltos, la crítica del otro cónyuge, otorgándole, al menos, el favor de la duda, es decir, preguntándose si tendrá, y en qué medida, alguna parte de razón. De otra manera, se cierne sobre el horizonte, una seria amenaza: la de que, en lugar de adaptarse el uno al otro, el uno se empeña obstinada y tercamente en que el otro se adapte a él en todo momento y en todos los matices.

Dicen que es largo el recorrido de la convivencia conyugal; y cuando en este largo itinerario asoman los primeros defectos congénitos, hasta ahora desconocidos, aquellos silencios que son peores que los gritos, los brotes amargos del amor propio herido, ¿quien podrá evitar la confrontación? Será difícil debido a los diferentes rasgos de personalidad.

La opinión pública atestigua que la personalidad de este cónyuge está estructurada en una notable madurez, pero nadie percibe en él ciertas parcelas de inmadurez que quedan encubiertas a los ojos de la gente.En la práctica significa que este cónyuge habitualmente es razonable y hasta agradable en su comportamiento, Pero en el momento menos pensado le sale aquella reacción típica de su personalidad emanada de aquellos restos de inmadurez.Si en este momento el otro cónyuge entra en relación con él, no cabe duda de que habrá roces y saltarán chispas. Todos, a unos sujetos más equilibrados necesitan pasar por el círculo de la adaptación.

En La actuación ordinaria de pronto prevalecen unos rasgos, de pronto, otros, dependiendo de situaciones de salud, Estado de amor, altibajos, de vitalidad, procesos, metabólicos, actividades laborales…

Ciertos rasgos(sean positivos o negativos) Están obstinadamente presentes en el comportamiento general, aunque a veces su manifestación depende de los estímulos exteriores.

Adaptarse significa también limar, desgastar, aristas, suavizar aquellos rasgos que lleven incomodan el cónyuge en la relación diaria.

Es la misma persona, lo que tiene que mantenerse alerta para percibir cuáles de sus rasgos, molestan a su consorte y tomar conciencia para deliberar que ramas debe podar, qué aristas suavizar, dónde controlar los impulsos, cuando callar, donde ceder… Y todo esto equivale a morir. Y morir, en el caso presente, equivale a amar, amar o sacrificio, objetivamente. Si no se realiza esta travesía de una orilla a otra del río, del amor el emotivo al amor oblativo, habrá naufragios.

Tomado del libro “El matrimonio feliz” Capitulo IV apartado “Adaptarse” de padre Ignacio Larrañaga.