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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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la alegría y el encanto de la vida.

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Padre Ignacio Larrañaga

Tener los mismos sentimientos de Jesús

Tener los mismos sentimientos que Jesús (Flp 2,5) Ser cristiano consiste en sentir como Jesús y vivir como Jesús. Ese «sentir» (Flp 2,5), sin embargo, se presta a equívocos. Habría otra expresión más adecuada: disposición. La disposición está tejida de emoción, convicción y decisión. Así, pues —con otras palabras—, la experiencia cristiana consistiría en reproducir en la propia vida las emociones, actitudes interiores y el comportamiento general de Jesús, el Señor.

Para la hora de tratar de vivir esta disposición, es relativamente fácil saber cuáles fueron las preferencias de Jesús, su estilo de vida y espiritualidad, el objetivo central de su vida.

Pero hay otra cosa, tan difícil de descubrir como importante para vivir, y es esto: ¿cómo captar las armónicas interiores del Señor? En mi opinión es esto lo fundamental. Porque la conducta del hombre, ¿es el hombre total? No, por cierto, porque la conducta, al fin, no es otra cosa sino un eco lejano de los impulsos, alimentados por antiguos ideales y vivencias remotas.

Necesitamos llegar a las raíces, ya que lo esencial siempre está abajo. Para descubrir, pues, la temperatura interior de Jesús, necesitamos descender a los manantiales primitivos y originales de la persona donde nacen los impulsos, las decisiones y la vida. En una palabra, necesitamos descubrir y participar de la vida profunda del Señor.

Sin embargo, no disponemos (para este «descubrimiento») de instrumentos exactos de «investigación» ni de comprobación, quiero decir: no es posible una objetivación de tales armónicas profundas de Jesús. Es una tarea específica y exclusiva del Espíritu Santo que «enseña toda la Verdad» (Jn 16,13).

¿Qué hacer? El «alma» de Jesús aparece —se transparenta— en sus palabras y hechos. El cristiano deberá, pues, comenzar por apoyarse en toda la Palabra con una actitud contemplativa para dar con las raíces del Señor. ¿Cómo hacerlo?

El cristiano debe colocarse en actitud de fe, pedir la asistencia del Espíritu Santo y dejarse llevar dócilmente por su inspiración.

Luego, con las facultades recogidas, en fe y en paz, debe el alma asomarse, con mirada contemplativa e infinita reverencia, a la intimidad de Jesús, y «quedarse ahí», y sorprender y presenciar algo de lo que «sucede» en esos abismos. Y, una vez sumergido en esa atmósfera, quieto e inmóvil, dejarse impregnar de aquellas vivencias y armónicas existenciales, participando de esta manera de la experiencia profunda de Jesús.

He aquí el método sobre el que nunca se insistirá bastante: colocarse dentro de Jesús contemplativamente, para cualquier meditación fructífera.

Tomado del libro: “Muéstrame tu Rostro” Capítulo VI, subtítulo:” La Oración de Jesús” de padre Ignacio Larrañaga