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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

Ven, Santo Espíritu

“El Espíritu de Dios, llena la tierra y todo lo abarca y conoce cada sonido y cada palabra.”   (Sabiduría 1,7)

Ven, oh Santo Espíritu, a inundarnos con tu luz.      

Ven, oh Padre de los huérfanos, fuente de consolación.

De las almas huésped fiel, y descanso en el afán.         

Ven a enjugar nuestras lágrimas, y mitigar el dolor.

Colma nuestro corazón, con el gozo de tu paz.         

Todo el hombre es vaciedad, si Tú de él ausente estás.

Ven, oh Santo Espíritu, ven y apaga nuestra sed.    

Sana el enfermo corazón, cólmanos de tu plenitud.

(Letra del canto C-55 “Ven, oh Santo Espíritu”)

Querido amigo, entramos en un Misterio, sin tratar de entenderlo bien.

Según dijo Jesús a Nicodemo, el Espíritu Santo, es como el viento, nadie sabe de dónde viene ni a donde va.

Sólo, en la fe pura, y abierto a su acción creadora, podrás percibir sus efectos prodigiosos… Algo… que… sabes que tú no lo has conseguido, por ti mismo, sino que, sólo has puesto tus capacidades al servicio de su acción.

Pero esto no sólo ocurre en ti y en mí; ha ocurrido siempre y seguirá siendo así. El Espíritu Santo hace que todo se vaya configurando en un proyecto secreto, generado dentro de la Santísima Trinidad.

El que María y José fueran obedientes en cumplir el edicto del Cesar, en ir a empadronarse en Belén, hizo que se cumpliera la profecía de que el Mesías naciera en Belén. Al obedecer la Ley de Moisés y presentar al niño Jesús, a los ocho días de nacer, en el templo, movió el Espíritu Santo a Simeón, a hacer su profecía sobre el niño… Y tantas otras maravillas como éstas.

Nos dice Pablo en la Carta a los Romanos, capítulo 8:

“Sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto. Y no sólo eso, también nosotros que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo….  Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir, como conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios”.

¿Qué podríamos decir ante este pronóstico tan esperanzador?

Sólo postrarnos silenciosamente, ante este destino eterno proyectado y dirigido de manera inefable, con un canto de alabanza.

Te propongo elevar a Dios poderoso y providente, este himno de alabanza, con algunos versículos del Salmo 33(32)

Alabad con fuerza y júbilo al Señor.

Dad gracias al Señor, al son de la cítara; tocad para Él con el arpa de diez cuerdas.             

Pues la palabra del Señor es recta y todas sus obras están fundadas en la Verdad.    

Todo ha sido hecho por Él. Por su Palabra fueron hechos los cielos y todo lo creado.

El plan de Dios subsiste eternamente  

Feliz el pueblo cuyo Dios es el Señor, a los que Él se escogió como heredad.

Él formó el corazón de cada hombre y escruta sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército, ni el héroe por su gran vigor.

Los ojos del Señor están puestos en aquellos que le buscan; en los que esperan su favor, para guardar su alma de la muerte y reanimar y sostener su vida en la tribulación.

En el Señor espera nuestra alma y se alegra nuestro corazón.

 

 Canto C-55,” Ven, oh Santo Espíritu”