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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

Nuestras tentaciones

“Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7,15)

Querido amigo, vive siempre asomado al mundo de las intenciones, porque tanto lo bueno como lo malo, salen desde dentro del corazón hacia afuera. Primero en forma de pensamiento y luego pasa a la acción.

Hay unos enemigos interiores que socaban la vida del hombre. Auténticos tentadores. Estos son: la tristeza, la vergüenza y la culpa.

El gran tentador, Satanás, es el Ego.

El Ego es fuente de obstáculos y desdichas en el crecimiento humano y espiritual.  Se combate con la Autocrítica.

Como la Autocrítica tiene como objetivo identificar y aniquilar al “ego”; en el combate espiritual, tiene como aliados: la Humildad, la Sabiduría y la Confianza, valores totalmente positivos y divinos.

Sabemos que nuestras vidas son una mezcla de tristezas y alegrías; pero lo importante es no permitir que las amarguras y toda fuente de dolor, que son también verdaderas fuentes de tentaciones, sofoquen la alegría y la paz; y eso se consigue con el binomio:  humildad más confianza.  O lo que es lo mismo: abandonarse confiadamente en las manos de Dios. Creer firmemente que Dios está siempre. Ser un pobre de espíritu.

 

Veamos cómo lo expresa el Salmo 131

En este momento, te invito a leer este breve Salmo y a ponerte en el lugar del salmista. Dirígete al Padre Dios, con estos versículos; hazlos tuyos como fuente de liberación del que se entrega y confía totalmente en las manos del Padre Dios:

Señor y Dios mío, me tienes ante Tí.

Mi corazón no es soberbio, ni mis ojos son altaneros.

No pretendo grandezas que superen mi capacidad, ni aceptaré una vida que me aleje de tu amor. Sino que viviré en una paz tranquila, como el niño en los brazos de su madre. Como un niño destetado en los brazos de su madre, así quiero vivir yo.

Esperaré en el Señor, esperaré siempre en mi Dios, desde ahora y para siempre.

Querido amigo, deja que Dios sea Dios, y tú, siempre recogido, atento y confiando en Él, como el niño que confía plenamente en su padre. Repite y ora con estas frases del Salmo, no como un ejercicio de esfuerzo sino de reposo…

 “Señor, me quedo ante Ti, como el niño en los brazos de su madre” …

 “Esperaré y confiaré siempre en Ti; desde ahora y por siempre, Señor”

Sin embargo, querido amigo, este Salmo te viene a decir también, que no te apropies de tus éxitos, sino remite a Dios la gloria de todas tus realizaciones y éxitos.

“Señor, que yo no pretenda aquello que no puedo o me viene grande… tampoco aquello que me aleje de tu amor” …

Pero también te dice que no transformes esta lucha liberadora, en un deporte ascético, pues te sentirás desdichado y desalentado cuando compares la altura de la cima a conseguir, con lo poco que avanzas. ¡Otra tentación!

“Más bien, Señor, modero mis ambiciones y deseos, esperándolo todo desde Ti”

“Esperaré siempre en Ti, Señor, ahora y por siempre”

Es sobre todo en tu interior, donde se libra tu principal lucha liberadora; asomándote a esa intimidad, a la intención o motivación, con la lámpara de la autocrítica. Rectifica incesantemente las intenciones. Que sea Dios la motivación última de tus intenciones y así tus actos saldrán bien intencionados, liberados de egocentrismo.

Así pues, la Autocrítica, querido amigo, te ayudará a ir dando pasos hacia la humildad. Pero la humildad llega más lejos, pues es generadora de paz.

Sin embargo, hay un camino mucho más atractivo y seguro; y es el de seguir las huellas de Jesús… pisar sus pisadas… Mirar constantemente su vida y su comportamiento.

Imagínate al Pobre de Nazaret, rehuyendo tenazmente cualquier popularidad. Superando tentaciones: Cada vez que curaba a algún leproso, o le daba la vista a un ciego, les recomendaba que no se lo dijeran a nadie…  Cómo guardó silencio ante sus acusadores, ante el Sanedrín…  No echó mano de su divinidad para librarse de la muerte o de los tragos tan amargos que tuvo que sufrir… Cómo se hizo pasar por uno de tantos, durante sus primeros treinta años, en su aldea de Nazaret, escondiendo celosamente en el anonimato, el resplandor de su divinidad….

 

¿Qué sentía Jesús al decir. “No me importa mi prestigio, sino la gloria del Padre?”

¿Qué quería significar Jesús cuando afirmaba solemnemente: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”?

Qué resonancias había en su corazón cuando decía estas tremendas palabras: “El que quiera ganar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por el Reino, la ganará”

Querido amigo, si quieres asomarte a los abismos últimos del misterio viviente de Jesús y quieres reducir a una síntesis magistral todo cuanto Jesús era, sentía, pensaba y soñaba, he aquí su autodefinición:

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas”

“¡Dame, ¡Señor, tu corazón, pobre y humilde!”

Querido amigo, si así vas retirando el aceite…, la llama del ego acabará por apagarse… y habrás ganado la batalla de la libertad frente a cualquier tentación.

Termina con esta oración recogiendo en tu corazón toda la paz que expresa:

¡Señor! ¡Colma de esperanza mi corazón y de dulzura mis labios!           

Pon en mis ojos la luz que acaricia y purifica, en mis manos el gesto que perdona.

Dame valor para la lucha, compasión para las injurias, misericordia para la ingratitud y la injusticia.

Líbrame de la envidia y de la ambición mezquina, del odio y de la venganza Y que, al volver hoy nuevamente al calor de mi lecho, pueda en lo más íntimo de mi ser, sentirte a Ti presente.

(Oración E-27: “Paz”)

 

Que el Señor te bendiga y te guarde de todo mal. Amén

Canto C-7: “Bienaventurados seremos, Señor”