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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

Miles de personas en el mundo han recuperado
la alegría y el encanto de la vida.

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Padre Ignacio Larrañaga


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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

Fortaleza en el silencio

Como jadea la cierva sedienta, tras las corrientes de agua, así jadea mi alma en pos de Ti, Señor.

Mi alma tiene sed de Dios; sed del Dios vivo.

¿Cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?

¡Son mis lágrimas, mi pan de día y de noche! Mientras me dicen todo el día ¿en dónde está tu Dios?

Yo lo recuerdo y derramo dentro de mi alma…

¿Por qué alma mía te agitas y desfalleces? ¡Espera en Dios que aún volverás a alabarle! ¡Salvador y salud de mi rostro, Dios mío!

De día el Señor enviará su gracia y el canto que me inspire de noche, será una oración al Dios de mi vida.

(Salmo 42)

 

Querido amigo, este salmo 42, junto con algunos otros, como el Salmo 63, hacen una radiografía antropológica, en la que queda al descubierto la estructura trascendente y fundamental del ser humano: La nostalgia y sed de pertenencia y la búsqueda del Dios vivo y eterno.

Cada uno experimentamos dentro de nuestra alma, una especie de reminiscencia o recuerdo de pertenencia a un destino más alto. … Ese anhelo inconformista entre la aspiración a algo más alto y nuestra pequeñez, nuestras pobres miserias y limitaciones, no es otra cosa que una especie de marca de identidad que el mismo Dios depositó en el suelo humano: una semilla de sí mismo, para que el hombre no deje de buscarle y cuando se centre en otras criaturas cuya medida no le corresponde, se sienta desasosegado e inquieto.

Esta sed, o esta sensibilidad divina, en muchas personas es invencible, en otras, fuerte y en otras, débil, según el don recibido. Hay también quienes no lo recibieron en ningún grado… Otros –muchos-  la dejaron atrofiarse por falta de cuidado y atención; o se les acabó extinguiendo en el remolino de la desventura humana (y este es el caso más común).

Querido amigo, no te dejes arrastrar por las turbulencias de la vida ¡Vive atento y despierto! ¡Mira más hacia dentro de ti! Aunque la oscuridad y la aridez te envuelvan, tendrás que constatar que esa soledad o vacío existencial, tiene un carácter afectivo, de nostalgia, anhelo, atracción y seducción, que nada ni nadie podrán llenar. Ese vacío profundo, sólo lo podrá ocupar la presencia del Dios vivo. Y eso es una vivencia que nos transmitirá Él mismo. Es pura gracia. Pero como estamos diciendo que, a veces no se le siente ni se le ve, entonces es la confianza y una fe ciega en que Él está, aunque no le sientas ni le veas.

Te invito en estos momentos a recogerte. Siéntate pacientemente ante el umbral de su puerta, esperando con paz, sus ausencias y tardanzas. Silencia tu mente y deja a un lado las preocupaciones de tus asuntos particulares. Sin embargo, observa sin juzgar, todo lo que sientes. No rechaces nada de lo que brote; aunque sea de desagrado; simplemente obsérvalo y lo dejas pasar sin juzgar, sin prestarle tus preocupaciones o rechazos. Poco a poco todo eso se disolverá… Dedícate tan solo a alimentar la paz en ti… diciendo: “Todo está bien. Todo lo acepto con amor” …

Tómate el tiempo más largo que puedas en ese rato contemplativo… y termina con esta breve oración de abandono:

Señor, Señor. Tú, antes. Tú, después.

Tú, en la inmensa hondura del vacío y en la hondura interior.

Tú, en la aurora que canta y en la noche que piensa.

Tú, en la flor de los cardos y en los cardos sin flor.

 Amado Nervo. – “Señor, señor” S-17

 

Querido amigo, el permanecer en esta promesa de un Amor Eterno que no se marchitará jamás, hará que florezca en ti un dulce abandono en los caminos que Dios permita.

El verdadero abandono a la manera de desasimiento, no es una carga ascética para hacerte más duro; sino una entrega confiada que da sentido, encanto, gracilidad novedosa a lo que vienes haciendo en tu vida cotidiana, y que va encaminándote hacia cimas imprevistas, inimaginables. Es la acción del Espíritu Santo que obra mucho mejor en los dóciles y humildes que se abandonan en sus manos. No es represión, sino creatividad y crecimiento. Sin embargo, la pendiente que conduce a esa cima por la que ya estás subiendo, te hace definitivamente más humano, y un verdadero y co-redentor con Jesucristo. El desasimiento es entregarse y entregarlo todo con confianza y por amor.

Haz una lectura rezada de la siguiente oración. Órala con espíritu de entrega confiada:

Piensa que estás en manos de Dios, tanto más fuertemente agarrado, cuanto más decaído y triste te encuentres.

Vive feliz, te lo suplico. Vive en paz; que nada te altere.  Que nada sea capaz de quitarte tu paz: ni la fatiga psíquica, ni tus fallos morales.

Haz que brote y conserva siempre en tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige. Y en el fondo de tu alma, coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello que te llene de la paz de Dios.

Recuerda: cuanto te inquiete y te reprima es falso. Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios.

Por eso, cuando te sientas apesadumbrado y triste, adora y confía…

“Adora y Confía” Teilhard de Chardin

 

Canto final “Todo hombre sencillo”

Todo hombre sencillo, lleva en su alma un sueño. Con amor y humildad podrá construirlo. Si pusieras cada día, con tu propio esfuerzo, una piedra sobre otra, alto legarías.

En una vida sencilla hallarás la forma, en la cual tu corazón obtendrá la calma.

Y los gozos más sencillos siempre son más bellos, son aquellos que, al final, serán los más grandes.

Dando y dando cada día, con tu propio esfuerzo, una piedra sobre otra, alto llegarías.