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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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Padre Ignacio Larrañaga


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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

Oración con la Naturaleza

Señor Dios nuestro ¡qué admirable es tu nombre en toda la Tierra! 

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado.

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle tanto poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos; todo lo sometiste bajo sus pies.

(Salmo 8)

Querido amigo; La belleza es el culto que la naturaleza rinde al Maestro Supremo del Universo.

La belleza es el lenguaje divino, en la forma. La verdadera belleza se descubre en el asombro, siendo abierto y universal, como ella es. Es el mejor templo para contemplar a Dios en su esplendor y grandeza.

Te invito a introducirte en un entorno natural; puede ser un jardín, un bosque, el mar… y si no puedes, contempla, aunque sea, el cielo, las nubes, las aves… una flor… y dedícale un tiempo a contemplar, a sólo percibir. La percepción y la contemplación es un camino más directo para llegar a Dios que el discurso mental.

Pide al Espíritu Santo que te ayude a detenerte, a sumergirte en la contemplación de todo lo que capten tus ojos, para poder experimentar lo bello y elevar tu corazón hacia Dios.

Prepárate haciendo una lectura rezada de esta oración:

¡Qué bueno es detenerse…!

Señor, me gustaría detenerme en este mismo instante.

¿Por qué tanta agitación?

¿Para qué tanto frenesí?

Ya no sé detenerme

Me he olvidado de rezar.

Cierro ahora mis ojos.

Quiero hablar contigo, Señor.

Quiero abrirme a tu universo,

pero mis ojos se resisten a permanecer cerrados.

Siento que una agitación frenética invade todo mi cuerpo,

que va y viene, se agita esclavo de la prisa.

Señor, me gustaría detenerme ahora mismo.

¿Por qué tanta prisa?

¿Por qué tanta agitación?

¿Para qué tanto frenesí?

Yo no puedo salvar al mundo.

Yo soy apenas una gota de agua en el océano inmenso de tu maravillosa creación.

Lo verdaderamente importante es buscar tu rostro bendito.

Lo verdaderamente importante es detenerse de vez en cuando

y esforzarse en proclamar que Tú eres la Grandeza,

la Hermosura, la Magnificencia, que Tú eres el Amor.

Lo urgente es hacer y dejar que Tú hables dentro de mí.

Vivir en la profundidad de las cosas y en el continuo esfuerzo

por buscarte en el silencio de tu misterio.

Mi corazón continúa latiendo… Pero de una manera diferente:

No estoy haciendo nada, no estoy apurándome.

Simplemente estoy ante Ti, Señor,

¡Y qué bueno es estar delante de Ti! Amén

Detenerse E-40

 

Querido amigo, en este momento te invito a sólo percibir. La percepción no fatiga, el pensar y el hacer, sí.

En la contemplación no necesitamos lograr nada. Estamos liberados de ser eficaces. Incluso a la hora de orar, es irrelevante el ser eficaz.

En este momento, deja de lado tus pensamientos y consideraciones para dedicarte tan sólo a percibir: Escucha ese piar de pájaros… Mira ese cielo azul o con nubes… observa cómo avanzan las nubes… Observa el ajetreo de esas hormigas… de ese pajarillo que se posa en la rama… contempla la belleza de esa flor… Siente el aire en tu cara, en tu pelo… escucha el rumor del agua, el ladrido de un perro, el motor de un auto que pasa… Observa y capta también los efectos en ti…

Vuélvete también hacia tu interior, y observa también tus sentimientos… la ansiedad… la prisa… el tedio… el aburrimiento… No te asustes obsérvalo con serenidad y vuelve después a centrarte en la naturaleza… Tampoco te inquietes si te distraes. Con mucha suavidad, retoma la contemplación, sin analizar, sin juzgar… Tan solo percibir…

Permanece en esta actitud todo el tiempo que puedas, sabiendo que tú también eres mirado amorosamente por el Padre Dios.

Y ya, antes de volver a tu vida activa, reza este Cántico a las Criaturas; y según lo vas recitando, sigues también contemplando lo que van nombrando tus labios:

Permite que te alabemos, ¡oh Dios!

En todos los mundos que creaste.

Permite que te alabemos en las profundidades del fuego crepitante de los astros.

Permite que te alabemos,

oh Dios, con las aves que gorjean multicolores y ruidosas,

que alegran la vista y el oído.

Permite que te alabemos, oh Dios,

por los nidos de los árboles,

donde las pequeñas aves levantan sus cuellos desplumados a la madre que les trae comida.

Permite que te alabemos, oh Dios,

con las aves poderosas que vuelan sobre las aguas del mar y levantan el vuelo hasta los glaciares de nieves perpetuas.

Permite que te alabemos, oh Dios, por los animales de la tierra,

grandes y pequeños, llenos de ternura o llenos de fuerza indomable.

No los saques de este mundo déjalos vivir y deja que vengan nuevas generaciones que, a su vez, te alaben.

 Salmo de la Creación S-9

 

Canto final: “Tiempo de alabar a Dios”

Ahora es tiempo de alabar a Dios, en la presencia del Consolador.

Concéntrate en Él, empieza a cantar, su presencia con poder descenderá.

¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios!

Él mora en la alabanza de su pueblo, se goza al oír nuestro clamor.

Concéntrate en Él, empieza a cantar, su presencia con poder descenderá.

¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios!