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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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la alegría y el encanto de la vida.

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Padre Ignacio Larrañaga

El Hombre para los Hombres

Jesucristo es “el que ha venido”, pero también es “el que está viniendo”. Ambos aspectos, ni se contraponen ni se anulan, antes bien, en su eterna dialéctica, se complementan, caminando al unísono hacia la “plenitud” (Ef 1, 23).

¿Qué faceta de Cristo eterno será capaz de conmover, seducir y salvar al hombre pagano de nuestra sociedad post-moderna, cuyo distintivo principal es el egoísmo? Como es sabido, las leyes del corazón están organizadas y orientadas hacia el interior del centro. ¿Cómo lograr que las fuerzas que connaturalmente se dirigen hacia el centro, se orienten ahora hacia afuera, hacia el otro? En última instancia, una misma energía se traduce en egoísmo o amor según esté canalizada hacia adentro a hacia afuera.

La cuestión es sólo una: torcer el rumbo, dar (a las energías) una vuelta completa, una verdadera revolución, la revolución del amor, que necesariamente tendrá que recorrer el camino del sacrificio y la desintegración del yo.

El Amor, que es Dios, pasa sustantivamente por la personalidad de un hombre llamado Jesús, Dios-con-nosotros. Y este hombre fue, ante todo, un Pobre, totalmente despreocupado de sí mismo para preocuparse sólo de los demás. Se entregó a sí mismo, para dar aliento y esperanza a los demás. En una sociedad clasista, tomó partido por los marginados, y en una sociedad puritana por los que estaban fuera de la ley.

Si el Pobre de Nazaret se propuso llegar a ser “el hombre para los hombres”, necesitó realzar dentro de sí mismo una inversión de fuerzas e instintos, ya que todo hombre es connaturalmente egoísta, inclinado hacia sí mismo y buscador de sus propios intereses. En suma, tuvo que llegar a ser un Pobre, porque sólo un pobre puede optar verdaderamente por los pobres.

Dicho de otra manera: Dios-Amor, encarnado en el Pobre de Nazaret, vaciado de sí mismo, desapropiado de sus propios intereses en proporciones heroicas, convertido en el hombre-para-los-demás-hombres, el hombre esencialmente abierto hacia los demás, el Disponible, integralmente dedicado al servicio de los demás…, Jesús, “es” como ya lo dijimos, la vía que va de la pobreza al amor.

Del libro El pobre de Nazaret de p. Ignacio Larrañaga