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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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Padre Ignacio Larrañaga

Escuela de Amor

  • octubre 10, 2018
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En el gran teatro de la vida nos topamos con una inmensa variedad de situaciones conyugales. Hay quienes forman pareja movidos por sutiles intereses; otros llegaron al altar en alas de consideraciones sociales, pero normalmente es el amor el imán que atrae y consolida una pareja. La mayoría de los que se comprometen en matrimonio lo hacen con una gran ilusión que no es propiamente amor, un amor sólido.

¿Qué es entones? Un germen, un embrión de amor, que tiene que crecer y madurar en el matrimonio durante el transcurso del tiempo. De momento, esa ilusión no es sino un torbellino de pasión y alegría, canciones y pájaros. Como una piedra del torrente que, de tanto rodar, adquirió la forma pulida y redonda, así el amor, rodando por la corriente de las sorpresas, sustos y altibajos, irá adquiriendo, lenta y evolutivamente, la forma y madurez de las realidades sólidas. Todo esto, en la escuela del amor, que es la convivencia conyugal.

Una chispa misteriosa brotó espontáneamente entre un hombre y una mujer, y la denominamos afinidad. Pero esa chispa tampoco es amor todavía. Es una simple semilla que, al amparo del sol y la lluvia, irá escalando los espacios hasta la estatura de un árbol frondoso. La savia irá derramándose por sus ramas hasta que llegue el otoño con su carga de frutos dorados.

Pero antes de llegar a la cosecha colmada, la vida tiene que atravesar todas las estaciones con sus brisas y tormentas, venciendo la arrogancia de los fuertes, el rencor de los resentidos y el orgullo de los prepotentes.

Con otras palabras, aquel embrión de amor tendrá que ser sometido a un proceso de profundización y maduración en la escuela del amor que es el matrimonio, donde la chispa irá transformándose en una llama durante una convivencia plena de momentos venturosos o de vicisitudes adversas. El quehacer de la vida conyugal consiste en mantener alta y viva la llama del amor.

Y ¿cuál es el método para conseguir semejante prodigio? El camino de los pequeños detalles.

En cualquier momento se pueden abandonar las ocupaciones y sentarse unos minutos al lado del cónyuge sin propósito alguno. ¡Es tan fácil! No es necesario declarar nada especial ni expresar alguna manifestación afectiva. El detalle, por sí mismo, es un gesto más elocuente que las palabras. En el momento menos pensado, colocar sorpresivamente aquella música que tanto le fascina al cónyuge. No hay comentarios. El detalle, sin decir nada, le está diciendo: “Toda mi vida me encantaría realizar cosas que te agraden…”

¡Pequeños detalles! Una mirada especial, una sonrisa, un tomarse las manos, un dedicarse unos minutos sin un porqué, un detenerse para preguntar:¿Cómo estás? ¿Se te pasó el dolor de cabeza? ¿Necesitas algo? Pequeños detalles: es como si le dijera: “Eres para mí la persona más importante; no tengo otra felicidad que hacerte feliz…”, etc.

Y así el amor es una llama que va ascendiendo a las alturas, y estamos librando la batalla contra la rutina.

Esta es la manera de recrear a cada instante el amor y de lograr la maravilla, el prodigio de que todas las mañanas amanezca el amor con una cara nueva .

Extractos del libro el “Matrimonio Feliz” de p. Ignacio Larrañaga