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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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Meditar y Vivir

El motivo profundo

El éxito de la fraternidad depende de que Dios sea el motivo de los comportamientos fraternos.

En la intimidad del hombre, entre mil posibles reacciones que se pueden tener, existe una opción. ¿Saludo o no saludo a este sujeto que ayer me molestó? Y a cada decisión corresponde siempre un motivo impulsor, no muy bien vislumbrado a veces. Voy a saludarlo (decisión). ¿Motivo? Temor de perder la buena imagen ante la opinión pública. Voy a dejar de saludarlo durante tres días (decisión) para que (motivo) él tome conciencia de que me ofendió.

El motivo que impulsa y concreta nuestra conducta es a veces confuso. Tuvimos una revisión de vida en la comunidad. En el transcurso de la reflexión, un determinado sujeto tomó y sostuvo una posición altiva, casi agresiva, frente a los demás. Hablando después con él, en privado, manifestó que él procedió así porque estaba convencido de que esa era la posición correcta. Al final reconoció que el impulso profundo de su actitud fue la necesidad de autoafirmación.

Otras veces, los motivos que aparecen en el primer plano no son los verdaderos impulsores, sino aquellos otros que están sepultados bajo tierra, en las profundidades.

El hombre dominó una explosión, cedió en una discusión, calló en una polémica. Él cree que lo hizo por humildad o por sentido fraterno. Los verdaderos motivos fueron, sin embargo, muy diferentes: miedo al ridículo, inseguridad, timidez, temor de ser desestimado por la comunidad.

El motivo de una sobreestima de sí mismo puede llevar a un individuo a comportamientos que, a primera vista, podrían significar desestima de sí mismo. ¡Extraños juegos, motivados por resortes que vienen desde regiones muy lejanas!

Comunidad de Fe significa que los hermanos se esfuerzan para que los sentimientos, los reflejos y la conducta de Jesús sean el motivo inspirador de sus reacciones en la convivencia de todos los días.

En un momento determinado surgieron dentro de un individuo una legión de impulsos que motivaron la decisión, por ejemplo, de mantenerse cerrado frente a otro sujeto, de herir la susceptibilidad de un otro tímido agresivo, de minar el prestigio de un autosuficiente… En este momento, la Palabra –Jesús y sus criterios– tiene que sofocar todos esos oscuros impulsos, para que el hermano perdone, acepte, estimule a los otros miembros de la comunidad.

En esos casos, la oración debe hacer vivamente presente a Dios, cuyo «recuerdo» (presencia) debe sofocar en mí las voces del instinto y motivar conductas semejantes a la de Jesús.

Una voluntad, revestida e impulsada por Jesús, debe decidir soberanamente en nosotros por encima de las oscuras fuerzas impulsoras, y así, en lugar de tener una reacción explosiva, voy a quedar en silencio como Jesús ante Pilato; más tarde, voy a dialogar con calma y paz; después, voy a enterrar los recuerdos ingratos de una desavenencia y olvidarlo todo generosamente; ahora voy a ser con todos delicado y paciente, como lo fue Jesús con los suyos.

Tomado del libro “Sube conmigo “Capitulo II, Apartado “La redención de los impulsos” de padre Ignacio Larrañaga