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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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la alegría y el encanto de la vida.

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Padre Ignacio Larrañaga


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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

“Práctica del abandono”

Ahora que has leído el tema que encabeza esta página, ya sabes qué significa “abandonarse”; te invitamos a abandonarte en las manos de Dios Padre, verás cómo al final de esta práctica sientes una gran paz, y a medida que sigas realizándola en las diferentes circunstancias de la vida, irás abandonando todas las resistencias y la paz reinará en tu corazón.

Inicia este momento especial silenciando tu cuerpo, toma tres respiraciones profundas, lentamente, y al exhalar suelta todas las tensiones….

Ahora silencia tu mente, haz un vacío interior…suelta recuerdos, pensamientos, proyectos… nada…nada…vacío…paz…..

Abre tus ojos, regresa a tu estado normal; haz una invocación al Espíritu Santo para que sea él, en la fe, quien te guíen tu reflexión.

  • Si hay algo en estos días que te está mortificando, preocupando, suéltalo!
  • ¿Hay situaciones desagradables que viviste y las revives en tu corazón? no vale la pena mortificarse por lo que ya pasó y no se puede cambiar. Déjalo en las manos del Padre, entrégale todo!
  • Si lo que te disgusta tiene remedio, ponle remedio, ¡haz tu cien por ciento! Si no hay nada que hacer, nada consigues con resistir realidades que no puedes cambiar.
  • Abandona toda resistencia, inclina la cabeza apoyándola en las manos benditas y amantes del Padre y descansa! Descansar significa paz!
  • Y la paz será tu herencia:

Entrega todo al Padre con la siguiente oración:

Oración de abandono

Padre, en tus manos me pongo,
haz de mí lo que quieras,
por todo lo que hagas de mí,
te doy gracias.

Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,
con tal de que tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más. Dios mío.

Pongo mi alma entre tus manos,
te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón
porque te amo,
y es para mí una necesidad de amor
el darme, el entregarme
entre tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre. Amén.

Finalmente acepta todo con paz…

Paciencia 

Hijo,
si emprendes en serio el camino de Dios,
prepara tu alma para las pruebas que vendrán;
siéntate pacientemente ante el
umbral de su puerta
aceptando con paz los silencios,
ausencias y tardanzas
a las que Él quiera someterte,
porque es en el crisol del fuego donde
se purifica el oro.

Señor Jesús, desde que pasaste por este mundo
teniendo la paciencia como vestidura y distintivo,
es ella la reina de las virtudes
y la perla más preciosa de tu corona.
Dame la gracia de aceptar con paz
la esencial gratuidad de Dios,
el camino desconcertante de la Gracia
y las emergencias imprevisibles de la naturaleza.

Acepto con paz
la marcha lenta y zigzagueante de la oración
y el hecho de que el camino para la santidad
sea tan largo y difícil.

Acepto con paz
las contrariedades de la vida
y las incomprensiones de mis hermanos,
las enfermedades y la misma muerte,
y la ley de la insignificancia humana, es decir:
que, después de mi muerte, todo seguirá igual
como si nada hubiese sucedido.

Acepto con paz
el hecho de querer tanto y poder tan poco,
y que, con grandes esfuerzos, he de conseguir
pequeños resultados.
Acepto con paz la ley del pecado, esto es:
hago lo que no quiero, y dejo de hacer
aquello que me gustaría hacer.
Dejo con paz en tus manos lo que debiera
haber sido y no fui,
lo que debiera haber hecho y no lo hice.
Acepto con paz toda impotencia humana
que me circunda y me limita.
Acepto con paz
las leyes de la precariedad y del fracaso,
la ley de la soledad y de la muerte.

A cambio de toda esta entrega, dame la Paz,
Señor.

Termina este momento de oración con el canto.

Canto