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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

1. Quédate quieto y en silencio practicando este Pequeño Silenciamiento

Imagen: © Depositphotos.com/[straga]

2. Invoca al Espíritu Santo cantando suavemente y sintiendo en tu corazón el canto Inúndame, Señor, con tu Espíritu

3. Escucha a Dios y experimenta su gran amor.

Para obtener esta experiencia profunda de amor, te recomendamos seguir estas etapas:

  • Procura tener el alma vacía, abierta, tranquila, sin ansiedad, serenamente expectante, pues es el Señor el que viene, en su palabra, a tu encuentro.
  • Invoca al Espíritu Santo, y haz una lectura lenta, muy lenta, con pausas frecuentes, de Lucas 12, 22-34, pensando que Dios te está hablando a ti, en este momento, con las palabras que estás leyendo.
  • Mientras vas leyendo lentamente, escucha a Dios; es el señor el que te está hablando persona a persona; escúchalo con una atención receptiva y serena, sin ansiedad alguna.

No pretendas tanto entender intelectualmente lo que estás escuchando. Procura meditar la palabra gozosamente en tu corazón dejándpte inundar por las vibraciones y emociones que se desprenden de la proximidad de Dios. Y conserva la la Palabra, es decir, que sigan vibrando en tu interior esas resonancias a lo largo del día.

Lucas 12, 22-34

22 Jesús dijo a sus discípulos: «No se atormenten por su vida con cuestiones de alimentos, ni por su cuerpo con cuestiones de ropa. 23 Miren que la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. 24 Aprendan de los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen bodegas ni graneros y, sin embargo, Dios los alimenta. ¡Y ustedes valen mucho más que las aves!
25 ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? 26 Si ustedes no tienen poder sobre cosas tan pequeñas, ¿cómo van a preocuparse por las demás?
27 Aprendan de los lirios del campo: no hilan ni tejen, pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como uno de ellos. 28 Y si Dios da tan lindo vestido a la hierba del campo, que hoy está y mañana se echará al fuego, ¿qué no hará por ustedes, gente de poca fe?
29 No estén pendientes de lo que comerán o beberán: ¡no se atormenten! 30 Estas son cosas tras las cuales corren todas las naciones del mundo, pero el Padre de ustedes sabe que ustedes las necesitan. 31 Busquen más bien el Reino, y se les darán también esas cosas.
32 No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. 33 Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. 34 Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

4. Responde a Dios.

a. Invoca al Espíritu Santo para que te ilumine durante está meditación y oración.

b. ¿Has estado preocupado o muy ansioso? Has pasado por alguna experiencia frustrante, sintiéndote agotado? Haz una lista de tus preocupaciones, frustraciones o problemas por los que puedas estar pasando.

c. Dí con todo el sentimiento de tu alma: sí, Padre mío, no me puedo comparar al ave o al lirio, pero ante todo, me siento como tu hijo muy amado! Por eso abandono ahora en tus manos todos mis problemas, ansiedades, preocupaciones, frustraciones. Haz de mí lo que quieras con tal que se haga tu voluntad.

d. Comienzas a sentir en todo tu ser una paz interior, pues solamente el Padre sabe lo que es mejor para tí.

e. Agradece y alábalo intensamente pues fue Él quien te creó para honra y gloria de su nombre.

f. Ofrécele al Padre tus ´apropiaciones y tus bienes en exceso´. Comparte siempre algo con tu hermano que nada tiene.

Finaliza este momento con la siguiente oración:

Gratitud

Aunque nuestra boca estuviera
llena de canto
como el mar;
y nuestra lengua de júbilo
como el bramido de sus olas;
y nuestros labios de alabanza
como la amplitud del firmamento;
y nuestros ojos resplandeciesen
como el sol y la luna;
y nuestros brazos se extendiesen
como las águilas de los espacios;
y nuestros pies fuesen ligeros
como los de los ciervos…
no alcanzaríamos a agradecerte, Adonai, Dios
nuestro y Dios de nuestros padres, y a bendecir tu nombre ni una infinitésima parte, por los beneficios que hiciste a nuestros padres y a nosotros. Amén.