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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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la alegría y el encanto de la vida.

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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

Mi trato con Jesús

Hoy, de manera muy especial, te invitamos a reflexionar sobre este hermoso tema que sin lugar a dudas te va a dejar pautas muy concretas en tu relación con Jesús y te llenará de paz en tu diario vivir:

* * *

El Señor Jesús con quien tú tratas no es el Señor Jesús con quien yo trato. Toda vivencia es única e irrepetible. Cada uno es un ser singular en este universo. Nadie siente, piensa o vive como yo. Mi caso no se repite. Soy uno y único en este mundo.

Tú mismo no te sientes siempre igual a ti mismo: de pronto te encuentras feliz y contento, al día siguiente te sientes algo deprimido o de ánimo bajo. En el momento menos pensado sientes el enorme impulso interior o una magnífica creatividad para emprender empresas dificilísimas, y al día siguiente amaneces completamente desganado. Tú no encuentras explicación para estos altibajos de tu estado de ánimo. Y no lo encontrarás nunca. El ser humano no es una línea recta, no es geometría. Sube y baja como el vaivén de las olas.

En la oración sucede igual: hoy estás tan árido que no sientes ni un ápice de intimidad o ternura con tu Dios. Al día siguiente sientes tal gozo con el Señor que la existencia te parece resplandeciente; y quedas radiante y encantado ¿Por qué estos altibajos? Nadie lo sabe.

En una palabra, llevas en tu interior riquezas inimaginables. Solo te falta una cosa: ¡soltarte! Suelta todo en el trato personal con el Señor. Desahógate. Quéjate. Pregunta: ¿Por qué esto, Señor? ¿Por qué no me cambias de una vez de arriba abajo?

En fin, tú lo sabes todo mi Señor, yo soy como un ciego, no veo nada. Entonces lo lógico es que yo recline la cabeza entre tus manos diciendo: ¡todo está bien! ¡Hágase! Cierro las cortinas de la mente, quedo en silencio, y ¡paz y descanso!

Cada día es diferente, hoy estás fervoroso. Mañana árido. Puede ocurrir que cada día te sientas diferente. También tu oración es diferente de un día para otro. Acepta la realidad con silencio y paz. ¡Sé libre! ¡Espontaneidad! ¡Creatividad! ¡Libertad!

Mi trato con Jesús tiene que ser original, personal, único; un trato singular como la vida misma, irrepetible, en las circunstancias que estoy viviendo, siempre distinta, así como mi amistad y conversaciones, con el Señor, siempre nuevas e inéditas.

Fr. Ignacio Larrañaga – OFM

Canto