GETSEMANI
“Bienaventurados los que sufren en paz la tribulación y toda clase de dolor, porque serán coronados con una diadema de oro”.
Señor Jesucristo, de la oscuridad de la muerte hiciste surgir la luz. En el abismo de la soledad más profunda habita, de ahora en adelante y para siempre, la protección poderosa de tu amor; desde el rincón oscuro ya podemos cantar el aleluya de los que se salvan.
Concédenos la humilde simplicidad de la fe, que no se desvanece cuando nos acosas en las horas de oscuridad y abandono, cuando todo se torna problemático.
Concédenos en este tiempo en que en derredor de uno se traba una lucha mortal, la luz suficiente para no perderte de vista; suficiente luz para poder entregarla a los que de ella necesitan más que nosotros.
Haz brillar sobre nosotros el misterio de tu alegría pascual como aurora de la mañana. Concédenos ser personas verdaderamente pascuales en medio del sábado santo de la historia.
Concédenos que, a través de los días luminosos y oscuros del tiempo en que vivimos, podamos siempre con ánimo alegre, caminar hacia la gloria futura. Amén.
Oración E-12 “Momentos de oscuridad”
Querido amigo, hoy te invito a acompañar a Jesús en Getsemaní, asumiendo también tu propia vida con todo lo que conlleva de doloroso y negativo.
La carta a los hebreos, nos dice que: “Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo mucho, a obedecer” (Heb 5,7-8).
La palabra “obedecer” indica que le costó obedecer; es decir, asumir el dolor de una manera activa y personal, como una ofrenda consciente y voluntaria, una decisión libre y consecuente. Dándole así, al sufrimiento, un significado.
Él te invita a tomar tu propia cruz y a seguirle. Pero también te dice que es un privilegio que tienen únicamente algunos elegidos. En definitiva, es un don del Padre.
Escucha estas expresiones que salieron de la boca de Jesús:
- Dichoso quien no se escandalice de mí
- Dichoso quien no dude de mí, ni sospeche de la veracidad de mi Palabra y de mis signos
- El Espíritu es quien da vida, la carne no sirve para nada
- Mis palabras son espíritu y vida
- Nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede
El apóstol Pablo, dice a los corintios: “Llevamos por todas partes, grabado en nuestro cuerpo, el morir de Jesús”. El que sufre en la fe, está sufriendo con Cristo y como Cristo; y, además, está participando del dolor y de la muerte del Señor.
Se necesita pues, de una fe adulta, incansable, tenaz, para que los momentos dolorosos no invadan irremediablemente al ser, sino que, abandonando toda resistencia, todo razonamiento, se entregue en brazos de una confianza envuelta en el silencio y en un abandono amoroso.
El Salmo 31 expresa muy bien lo que sentía Jesús. De hecho, este Salmo lo oraba en sus últimos momentos de la cruz. Trata de sentir lo que Jesús sentiría al rezar algunos versículos de este Salmo:
A Ti, Señor, me acojo, no quede yo defraudado; Tú que eres el Dios justo, ponme a salvo. Ven a prisa a librarme….
… Sácame de la red que me han tendido, porque Tú eres mi amparo…
A tus manos encomiendo mi espíritu
Tú, el Dios leal, me librarás
Yo confío en el Señor, su lealtad es mi gozo y mi alegría.
Confío en Ti, en tus manos encomiendo mi vida
Te das cuenta de mi aflicción, velas por mi vida en peligro
Piedad, Señor, que estoy en peligro: Se consumen de pena mis ojos, mi vida se gasta en la congoja, mi vigor decae con la aflicción, mis huesos se consumen…
Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos.
Estoy olvidado, como un muerto… Se conjuran contra mí y traman quitarme la vida….
Pero yo confío en Ti, Señor, y te digo: ¡Tú eres mi Dios!
En tus manos están mis azares
Los que a Ti se acogen, los escondes en el asilo de tu Presencia
Sed fuertes y valientes los que esperáis en el Señor
Como puedes comprobar, querido amigo, este Salmo va desde la desolación a la confianza y el consuelo. A pesar de que presenta un panorama nefasto, tiene un buen augurio y promete un final dichoso; todo, gracias a la confianza en Dios. ¡Y así, el salmista, se salva del desastre! ¡Fe adulta!
Esta fue la actitud de confianza en el Padre que puso Jesús, para salvarse en sus momentos de más desolación.
Ahora querido amigo, te invito a ponerte en lugar de Jesús, en esos momentos de agonía en Getsemaní, dirigiéndose al Padre en ese “Hágase” con el que se abandonó en sus manos y quedó reconfortado para emprender el camino de la pasión:
Padre, Tú pudiste haber evitado esta lamentable situación, si Tú lo has permitido, no vengo a pedirte cuentas. Cierro la boca, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras, porque creo que Tú me amas y porque Tú eres mi Padre y yo confío en Tí.
Así pues… Señor…
- Acepto con paz… aquello que mi esfuerzo no puede alcanzar
- Acepto con paz… el hecho de no ser aceptado por todos
- Acepto con paz… que los ideales sean tan altos y las realidades tan pequeñas
- Acepto con paz.. el hecho de que los resultados sean más pequeños que mis esfuerzos
- Acepto con paz… la ley de la mediocridad, del fracaso, la ley de la soledad y de la muerte.
- Acepto con paz… la ley de la insignificancia humana; que quiere decir, que después de mi muerte, las cosas seguirán igual, como si nada hubiese sucedido…
- Acepto con paz… la hora de mi muerte
Padre, yo no sé nada. Tú sabes todo. En tus manos me pongo, haz de mí lo que quieras.
De todo lo que hayas permitido o habrás de permitir, desde ahora en adelante, te digo:
Estoy de acuerdo con todo, lo acepto todo. Hágase tu voluntad
Querido amigo, si vives en esta perspectiva de fe y abandono, no habrá en el mundo circunstancias imprevisibles, ni emergencias dolorosas que puedan destruirte. Serás fuerte. Casi invencible.
Bienaventurado el hombre que hace la travesía de la vida en las manos de Dios. No habrá posible derrota para él y habitará en la morada de la paz.
Shalom
Canto C-57 “Vaso nuevo”
“Yo quiero ser, Señor amado. Como vaso en manos del alfarero. Toma mi vida, hazla de nuevo. Yo quiero ser un vaso nuevo”


