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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

Miles de personas en el mundo han recuperado
la alegría y el encanto de la vida.

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Padre Ignacio Larrañaga

Vida de Fe. Criterios de vida

Se han aceptado como criterios de vida la inmediatez, la eficacia y la rapidez. Por contraste, la vida de fe es lenta y exige una constancia sobrehumana, su adelanto es oscilante y no se lo puede comprobar con métodos exactos de medición; en consecuencia, nos sentimos defraudados, confusos y como perdidos en la selva.

Bajo la influencia de las ciencias psicológicas y sociológicas, hoy prevalecen los criterios subjetivos. Aquello que era «objetivo» como las verdades de fe, las normas de la moral o del ideal, ha perdido su actualidad y valoración, mientras se abre paso libre a los valores subjetivos e instintivos. Hoy día está de moda lo emocional, lo afectivo y lo espontáneo.

De ahí deriva el hecho de que se hayan desvalorizado por completo ciertos criterios como el dominio de sí mismo, mientras la comodidad se va erigiendo en la nueva norma del comportamiento. Hoy día no tienen sentido la ascesis, la superación, la privación, elementos indispensables en la marcha hacia Dios; esas palabras a muchos les suenan hasta repugnantes; lo menos que piensan es que son perjudiciales para el desarrollo de la personalidad.

La norma que prácticamente han adoptado coincide en un todo con el ideal de la sociedad de consumo: disfrutar al máximo de la vida, consumir el mayor número de bienes, darse el máximo de satisfacciones dentro de aquel ideal «comamos y bebamos y coronémonos de rosas» (Sab 2,8). Claro está que esto no se dice con palabras tan desenvueltas. Se dice: hay que evitar la represión, hay que fomentar la espontaneidad, no hay que violentar la naturaleza, es necesario asegurar la autenticidad.

Hoy día no se sabe qué hacer con el silencio. La sociedad de consumo ha creado una variada industria para fomentar la distracción y la diversión, y de esta manera evitar al hombre el «horror al vacío» y a la soledad. De este modo se acomoda el objeto al sujeto, no se soportan las normas establecidas y se da rienda suelta a la espontaneidad, hija del subjetivismo.

Vivimos en el nuevo desierto. El camino de Dios está erizado de dificultades. Las tentaciones cambian de nombre. Antaño las tentaciones se llamaban las ollas repletas, el pescado frito, la carne asada, las cebollas y las sandías de Egipto. Hoy día las tentaciones se llaman el horizontalismo, el secularismo, el hedonismo, el subjetivismo, la espontaneidad, la frivolidad.

¿Cuántos de los peregrinos llegarán a la Tierra Prometida? ¿Cuántos abandonarán la dura marcha de la fe? ¿Tendremos que hacernos a la idea, también nosotros, de que sólo un «pequeño resto» habrá de llegar a la fidelidad total a Dios? ¿Cuál es y dónde está el Jordán que habremos de atravesar para entrar en la zona de la Libertad? Una vez más el horizonte se nos puebla de preguntas, silencio y oscuridad. Es el precio de la fe.

Tomado del libro “Muéstrame tu Rostro” Capitulo II apartado “Dificultades vivenciales” de padre Ignacio Larrañaga.