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Miles de personas en el mundo han recuperado la alegría y el encanto de la vida.

Talleres de Oración y Vida

Padre Ignacio Larrañaga

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la alegría y el encanto de la vida.

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EXPERIMENTA EL AMOR DE DIOS

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1. Quédate quieto y en silencio practicando este Pequeño Silenciamiento

Imagen: © Depositphotos.com/[straga]

2. Invoca al Espíritu Santo cantando suavemente y sintiendo en tu corazón el canto Inúndame, Señor, con tu Espíritu

3. Escucha a Dios. A través de Lucas 15, 11-24 y para sentir que Él te habla, ten en cuenta lo siguiente:

  • Procura tener el alma vacía, abierta, tranquila, sin ansiedad, serenamente expectante, pues es el Señor el que viene, en su palabra, a tu encuentro.

  • Haz una lectura lenta, muy lenta, con pausas frecuentes, pensando que Dios te está hablando a ti, en este momento, con las palabras que estás leyendo.

  • Sustituye los nombres propios que aparecen en la lectura por tu propio nombre personal, pensando y sintiendo que el Señor está dirigiéndose a ti con tu propio nombre.

  • Sintetiza en una frase que te dice el Señor

11. Jesús puso un ejemplo: “Había un hombre que tenía dos hijos. 12. El menor dijo a su padre: “Dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre repartió sus bienes entre los dos.

13. El hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después se fue a un país lejano, allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada. 14. Cuando ya había gastado todo, sobrevino en esa región una gran escasez y comenzó a pasar necesidad. 15. Fue a buscar trabajo, y e puso al servicio de un habitante del lugar que lo envió a cuidar cerdos. 16. Hubiera deseado llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero nadie le daba algo.

17. Finalmente recapacitó y se dijo: “¿Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre? 18 Por qué no me levanto? Volveré donde mi padre y le diré: padre he pecado contra Dios y contra ti. 19. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados. 20. Se levantó, pues, y se fue donde su padre.

Estaba aún lejos cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó. 21. Entonces el hijo le habló: Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. 22. Pero el padre dijo a sus servidores: Rápido. Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies. 23. Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos fiesta. 24. Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado. Y comenzaron la fiesta.”

4. Responde a Dios.

a. Apoyándote en esta oración que te presentamos a continuación. En otra ocasión puedes escoger otra oración que te guste mucho.

b. Haz un ejercicio de preparación: relaja tu cuerpo, respira tranquilo (a), haz un repaso de todo lo que llena tu mente: ideas, cosas que imaginas, preocupaciones, recuerdos. Tu mente es como una pizarra llena. Ve borrando uno a uno, hasta que la pizarra quede en blanco. Sentirás que tu mente queda como vacía. Regresa lentamente.

c. Invoca al Espíritu Santo e invita a Jesús a tu lado para hacer esta oración.

d. Comienza a leer la oración muy despacio. Permanece atento y sintiendo en tu corazón cada frase que lees, como si la estuvieras diciendo con Jesús que está a tu lado.

Si alguna frase te hace vibrar, repítela varias veces.

Si no sucede esto continua leyendo despacio. Puedes parar y quedarte en silencio con alguna frase.

Puedes volver a leer lo leído. Si sientes que puedes seguir orando con tus propias palabras, abandona la lectura.

Abba, Oh mi querido Papá

Jesús, tu Hijo, me dijo que eras
el Padre más querido y amante del mundo;
Y me dice que te llame
¡Abbá! ¡Oh mi querido papá!

Cuando me quejo diciendo:
¡Estoy solo en el mundo!
Tú me respondes:
¡Yo estoy contigo, no tengas miedo!
Cuando pienso que nadie me quiere
Tú me respondes:
¡Te amo mucho y gratuitamente!
En las dificultades me dices:
¡Aquí estoy, contigo voy!

Sé que eres poderoso, pero ante todo amoroso.
Sé que eres justicia,
pero ante todo comprensión.
¡Abba! Oh mi querido papá!

Me siento como tu hijo más querido;
ahora puedo hablar contigo con confianza;
ahora sé que me cuidas y me proteges;
de noche velas mi sueño;
me acompañas donde quiera que vaya;
me enfrasco en el estudio y te quedas a mi lado.

Gracias por todo el amor que me das diariamente.
¡Te amo! ¡Oh mi querido papá!

Termina este momento de encuentro con la siguiente oración:

Canto

Lo que agrada a Dios

Lo que agrada a Dios
es mi pequeña alma,
es que ame mi pequeñez
y mi pobreza.
Es la esperanza ciega,
que tengo en su misericordia. (Dos veces)

Lo que agrada …

Es la esperanza…

Lo que agrada a Dios es mi pequeña alma.